una lagrima cristalina mía,
resbalaba por tu mejilla,
cada vez que torturabas mi valía,
así empezaba el fallecer del dia.
aferraba tu nostalgia,
a mi desprevenida osadía
de querer hacerte dueña mia.
y con descargas de dudosa valentia,
engendraba arrebatos de ignominia,
mientras que con afrentas resolvias los dias.
pues de ignorancia mia te valías.
recordando pasados y agregando adjetivos,
circulaba esta ansiedad finita,
que disfrazabamos entre la sábana,
cada fin de semana.
así se imponía
nuestras manías.
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